Donald Trump’s return to the White House became the main systemic variable shaping domestic and external dynamics in Argentina under the government of Javier Milei and in Brazil under the government of Luiz Inácio Lula da Silva. In a context of increased U.S. involvement and influence in Latin America, while Argentina pursued alignment with Washington’s interests and received a substantial “carrot,” Brazil faced “sticks” and deepened its hedging strategy. An analysis of these strategies and their initial outcomes is the main objective of this essay.
Las elecciones presidenciales en Estados Unidos siempre han sido una variable sistémica importante para América Latina dado la centralidad de Washington para la inserción internacional de los países de la región. Esta dinámica se ha acentuado en la última década a medida que la política exterior de EE. UU. se estructura más sobre una política de gobiernos que de Estado, debido a la ruptura de consensos bipartidistas sobre el rol de EE. UU. en el mundo (Kanji 2025). Washington se ha vuelto más volátil e impredecible en su accionar externo (Yarhi-Milo 2025).
Para los gobiernos de Javier Milei en Argentina y Lula da Silva en Brasil los resultados de las elecciones de noviembre de 2024 en los Estados Unidos marcaron un punto de inflexión en cuanto a la permisibilidad externa (Jaguaribe 1979). El amplio triunfo de Donald Trump sobre Kamala Harris, por un lado empoderó y oxigenó el proyecto político del gobierno libertario en Argentina, y por el otro, se convirtió en una fuerza restrictiva y adversa para los intereses domésticos y externos del gobierno del exlíder metalúrgico en Brasil.
Esta percepción sobre los disímiles efectos sobre Buenos Aires y Brasilia que se tenía antes de que Trump comience su gobierno (Actis 2024a) se confirmó ampliamente –habiendo transcurrido el primer año de mandato de la administración Trump II– con el devenir de las acciones de la Casa Blanca. La puesta en marcha del Corolario Trump a la Doctrina Monroe (Winter 2026) no solo implicó una mayor presión e influencia sobre el denominado hemisferio occidental (Romero et. al 2025) sino una abierta injerencia en los asuntos internos de los Estados latinoamericanos (Carothers & Stunekel 2025).
En ese marco, el presente ensayo tiene como objetivo analizar la dinámica del vínculo bilateral entre EE. UU. con Argentina y Brasi l–enero de 2025/enero de 2026– y realizar una evaluación parcial y comparada sobre las estrategias desplegadas por Buenos Aires y Brasilia, así como sus resultados.
ARGENTINA Y EL ACOPLAMIENTO: ZANAHORIA Y VULNERABILIDAD LATENTE
El gobierno de Javier Milei ensayó desde diciembre de 2023 una clara estrategia de acoplamiento (Russell & Tokatlian 2013), en relación con la subordinación de la política exterior al vínculo con los EE. UU. como así también una clara retracción a la política regional. La estrategia de acoplamiento ensayada por diversos gobiernos latinoamericanos en los años noventa era status quísta del orden internacional, de la denominada pax americana. Sin embargo, como el recrudecimiento del cuestionamiento al “orden basado en reglas” proviene desde la propia Casa Blanca, la administración Milei acompaña y tributa, desde la periferia, la erosión del multilateralismo y de una sociedad internacional institucionalizada. Hay una crítica desde la ideología de alt right (Merke & Pereira Doval 2024) al funcionamiento del orden/institucionalismo internacional liberal, cuyo antecedente latinoamericano más próximo fue la experiencia de Brasil bajo el gobierno de Bolsonaro (Casarões & Barros Leal 2022). En ese marco, el gobierno de Milei ha secundado y sobreactuado distintas acciones de su política exterior para congraciarse con Washington. Por ejemplo, en la Cumbre CELAC-China celebrada en mayo de 2025 en Beijing[1], Argentina envió un representante de tercera línea y fue el único país que decidió no firmar la declaración final[2].
El alineamiento de Argentina con Trump II queda claro con los viajes internacionales de Milei y con las votaciones en la Asamblea General de Naciones Unidas. En 2025 Milei viajó 7 veces a EE. UU. (30% de sus salidas del país) y, por ejemplo, no ha realizado visita alguna a Asia desde que es Presidente. El informe Voting Practices in the United Nations 2024 del Departamento de Estado (2025) señala que en la Asamblea General de ONU Argentina votó igual que EE. UU. en 82% de las ocasiones. Hay que remontarse a 1962 (contexto de la Revolución cubana) para encontrar un nivel tan alto de vote equal de Argentina con EE. UU. Si bien no existen datos oficiales de 2025, es de esperarse que con Trump en la Casa Blanca ese porcentaje supere el 90%.
A diferencia de otros ensayos de alineamiento que tuvo Argentina con EE. UU., como fue el caso de los gobiernos de Carlos Menem (1991-1999), el gobierno de Milei recibió una de las pocas “zanahorias” que Trump II otorgó a la región en el marco de múltiples “garrotes” (Eurasia Group 2026): una heterodoxa recompensa como fue la decisión del Secretario del Tesoro de Scott Bessent de aplicar un Whatever It Takes para evitar una corrida cambiaria de la Argentina en el contexto previo a las elecciones de medio término que tuvo el país en octubre de 2025. Además de otorgar un swap de monedas, el Tesoro intervino directamente el mercado de cambio comprando pesos[3] para lograr estabilizar la moneda del país ante las presiones de devaluación y los elevados riesgos domésticos (Setser & Paduano 2025). En la bilateral que tuvo Milei en la Casa Blanca en octubre de 2025, al igual que en la visita de Bessent a Buenos Aires, quedó de manifiesto el acceso que tiene Milei y su círculo político a Trump y sus principales funcionarios.
Tanto Argentina como Brasil recibieron a inicios de abril de 2025 en el marco del “liberation day” una suba de aranceles del 10%, el baseline. Sin embargo los caminos se bifurcaron en la segunda mitad del año. Mientras Trump aplicó aranceles del 40% a Brasil y confrontó con Lula y las instituciones de Brasil, la Argentina comenzó a negociar un acuerdo comercial (White House 2025a) que ya tiene un Framework[4] con compromisos comerciales. En el documento se señala que existe un Economic Security Alignment y un marco para facilitar el comercio e inversiones en minerales críticos. En ese marco, con la administración Biden, el gobierno de Milei firmó un MoU con EE. UU. para fortalecer la cooperación en minerales críticos (US Mission Argentina 2024). En el contexto de fragmentación geoeconómica (Aiyar et al. 2023) y de búsqueda de cadenas de suministros seguras, Argentina –al igual que Brasil– adquiere una relevancia relativa.
Ahora bien, la estrategia de acoplamiento del gobierno de Milei no es con EE. UU. sino con el gobierno de Trump, de ahí su principal vulnerabilidad. La Argentina se quedó sin prestamista de última instancia[5] y tuvo que aparecer la poco frecuente asistencia financiera del Tesoro de EE. UU. Hasta que el país no consiga volver a los mercados (fuerte baja del riesgo país) el modelo económico y la fortaleza política se sustenta en la expectativa del salvataje de Scott Bessent. Congresistas del Partido Demócrata se han mostrado en contra del apoyo financiero (Sánchez 2025), lo cual demuestra cómo el gobierno de Milei forma parte de la fuerte polarización política que hoy experimenta Washington[6]. Una posible derrota electoral de Trump y los Republicanos en las midterms de 2026 puede alterar las correlaciones de fuerzas en Washington y, por ende, recalibrar el tipo de apoyo y los instrumentos con un país como la Argentina. Ante ese escenario, el gobierno argentino no tiene un plan B.
BRASIL Y EL HEDGING: GARROTES Y RESILIENCIA NEGOCIADORA
Biden y Lula habían logrado, entre 2023 y 2024, una sinergia a nivel presidencial debido a sus agendas políticas polarizadas internamente, más allá de importantes divergencias en agendas particulares (Hirst & Valls Pereira 2024). El gobierno de Biden jugó un rol decisivo para desalentar el intento de golpe de Estado alentado por el bolsonarismo en enero de 2023. El regreso de Trump a la Casa Blanca representaba un desafío para la clara estrategia de hedging en la política exterior que implementó Lula III (Kalout & Sá Guimarães 2022; Spektor 2023) y para la construcción política doméstica por el empoderamiento externo brindado a la familia Bolsonaro.
La bifurcación de las estrategias externas con Argentina fue muy clara a partir de 2025. Con Lula III, Brasil apostó por reforzar el Multi-Alignment, buscando diversificar al máximo las relaciones exteriores y comerciales como una forma de evitar las presiones de las grandes potencias, estrategia reforzada en el regreso de Trump (Stuenkel 2025). Durante 2025, el Presidente de Brasil realizó tres giras por Asia (marzo, mayo, octubre) visitando Japón, Vietnam, China, Indonesia y Malasia.
A diferencia de Argentina, donde el oficialismo consiguió access point a la Casa Blanca, quien logró un acercamiento, desde enero de 2025, fue el círculo de Eduardo Bolsonaro. Las medidas arancelarias y las sanciones a Alexandre de Moraes, juez del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil, se explican en parte por esa capacidad de Lobby. A finales de julio de 2025 Brasil recibió los “garrotes”[7] de Trump, con la particularidad de que no existía una demanda de tipo comercial sino de política interna: influir en las instituciones brasileñas sobre el proceso judicial a Jair Bolsonaro.
Ante la embestida de la Casa Blanca, el gobierno de Lula se mantuvo firme tanto en retórica como en la amenaza de retaliaciones[8]. A diferencia de otros actores que rápidamente se sentaron con Trump desde una posición de debilidad en una mesa negociadora (como, por ejemplo, la Comisión Europea), Lula entendió que las exigencias de Trump eran imposibles de cumplir, pero que en el fondo Washington tenía intereses estratégicos y de largo plazo sobre un actor que entra en la categoría de Geopolitcal Swing State (Cohen 2023, Actis 2024b) en donde existían márgenes para negociar. Las desventajas de Brasil de la nula sintonía individual entre los presidentes (aspecto presente en Argentina con Milei) fue compensada con el peso estructural de Brasil en el hemisferio, la tradicional idea de Pivotal State (Chase, Hill & Kennedy 1996)
Las reservas estratégicas de Brasil en tierras raras (aún poco explotadas), en el contexto donde EE. UU. busca romper la dependencia con China, se convirtió en un tema central del vínculo bilateral. A la par que el Canciller Mauro Vieira busca abrir diálogo con los funcionarios de Trump (en especial con Marco Rubio), el poderío empresarial de Brasil logró el lobby que el gobierno no tuvo sobre Trump y la Casa Blanca. Por ejemplo, Joesley Batista, el mega empresario brasileño de Grupo J&F –que aportó para la campaña de Trump– fue un nexo para acercar posiciones entre Trump y Lula (Magalhaes 2026). Los aranceles sobre la carne brasileña representaron un duro golpe para la firma JBS, con gran penetración en el mercado de EE. UU. La capacidad de lobby de empresas brasileñas sobre la Casa Blanca no ha estado presente en la Argentina, mostrando la debilidad relativa en cuanto al fenómeno de las multilatinas. Por ejemplo, la empresa argentina Techint nunca logró incidir para lograr cuotas a las exportaciones de acero y aluminio desde Argentina en el marco del aumento de aranceles de Trump a esos bienes.
El encuentro bilateral entre Trump y Lula en Malasia (octubre de 2027) significó un nuevo momento de la relación bilateral que abrió una etapa de negociaciones, la cual concluyó con una modificación por parte de Trump de los aranceles impuestos[9] y la eliminación de las sanciones a Alexandre de Moraes. A diferencia de Argentina, donde la negociación comercial tiene como norte un amplio acuerdo, el deal de Brasil fue un rollback de la posición tarifaria, sin otros compromisos comerciales. De manera simultánea, Brasilia y Washington comenzaron a explorar vías de cooperación en tierras raras, lo cual puede culminar con un acuerdo bilateral en la materia, en 2026 (Pooler, Hodgson & Stott 2026). Es dable recordar que en agosto la Development Finance Corporation (DFC) aprobó un préstamo de 465 millones de dólares para la mina Serra Verda en Goias –la única operación productiva de tierras raras de Brasil– y un desembolso de 5 millones de dólares para estudios de factibilidad (Bloomberg 2025). En tiempos de fragmentación geoeconómica, los minerales se convierten en un activo estratégico para Brasil y gran parte de Sudamérica.
REFLEXIONES FINALES
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca se convirtió en la principal variable sistémica con impacto en el devenir político de Argentina y Brasil, con implicaciones en la arena doméstica y de la inserción internacional. Considerando los vínculos interpersonales creados (con Milei y el bolsonarismo) y la centralidad de América Latina en la política exterior del nuevo mandato de Trump (algo no visible en Washington desde los años ochenta), no hay antecedentes en el siglo XXI de un primer año de mandato presidencial estadounidense tan influyente sobre el devenir político, económico e internacional de Buenos Aires y Brasilia. A su vez, la variable analizada se transformó claramente en una fuerza centrífuga sobre la relación bilateral de los dos principales países sudamericanos, dada la acentuación de percepciones antagónicas (Actis 2025).
En ese marco, el presente ensayo buscó evidenciar la bifurcación de los caminos de los gobiernos de Milei y Lula con relación a los EE. UU. de Trump a partir del análisis de distintos indicadores, los cuales se resumen en el siguiente cuadro:

Cuadro 1: Síntesis comparativa de los gobiernos de Milei y Lula frente a Trump II
Las líneas de este trabajo evidencian, en términos generales y con claridad, cómo la variable sistémica analizada se transformó en permisiva para el gobierno de Milei y en restrictiva para el gobierno de Lula. Sin embargo, más allá de usufructuar la estrategia de acoplamiento con obtener un salvataje financiero bilateral (la gran zanahoria de Trump a un país de la región), la Argentina enfrenta vulnerabilidades políticas y económicas que lejos están de resolverse, en el marco de un menor peso estructural en el sistema internacional. Por su parte, los garrotes de Trump a Lula no fueron inocuos dado los costos incurridos; pero la profundización del hedging, una buena lectura de la capacidad negociadora, el rol del sector privado y la condición de ser, además de una geografía proveedora de materias primas claves como Argentina, un actor con peso en el contexto de competencia entre grandes poderes (geopolitical swing state), le dieron resiliencia frente al contexto internacional adverso.
Notas
[1]El gobierno de Milei enfrió el vínculo político con China pero no así el económico/comercial. A diferencia de otros economías emergentes que intentaron frenar la sobreoferta de bienes chinos en el marco de la renovada guerra comercial de Trump, Argentina fue uno de los países que más aumentó las importaciones desde China, al liberalizar fuertemente el comercio exterior.
[2]Otros ejemplos son la disociación del "Pacto del Futuro" de la ONU en septiembre de 2024, el retiro de la delegación de la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, en noviembre de 2024; y la decisión de retirar a la República Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en febrero de 2025; así como la ausencia de Milei de la Cumbre del G20 en Sudáfrica, en noviembre de 2025.
[3]Desde 1971, en cuatro oportunidades el Tesoro de EE. UU. intervino directamente en mercados de cambios de terceros países. Japón (1998 y 2011), la UE (2000) y Argentina (2025).
[4]Desde el primer día de su gobierno, Milei ha buscado firmar un TLC con EE. UU. a partir de una flexibilización del MERCOSUR, tipo de acuerdo que la visión mercantilista Trump no propone ni apoya. Ante la realidad en Washington, la Argentina buscó avanzar en negociar un acuerdo parcial donde, además de algunos compromisos arancelarios (excepciones al AEC del Mercosur), estén incluidos temas no arancelarios (propiedad intelectual, acceso a recursos naturales, facilitación de comercio, comercio digital, entre otros).
[5]Argentina ya cuenta con un programa vigente con el FMI, y el país tiene activado una línea de swap con el Banco Central de China, dos fuentes de financiamiento consideradas de última instancia, a las que se recurre cuando se cierran los mercados.
[6]El intercambio en X entre el secretario del Tesoro Scott Bessent y la senadora Elizabeth Warren (octubre-noviembre 2025) se centró en el swap de divisas de hasta US$20 mil millones del Tesoro de EE. UU. a Argentina (vía Exchange Stabilization Fund) para respaldar al gobierno de Milei. Warren lo denunció repetidamente como un "bailout" (salvataje) político para un aliado de Trump, que beneficiaba a hedge funds y Wall Street mientras ignoraba prioridades internas de EE. UU. (salud asequible, agricultores afectados, shutdown gubernamental). Pidió transparencia, criticó el secretismo y propuso frenarlo (incluso con un proyecto "No Argentina Bailout Act").
[7]Trump describió el juicio contra Bolsonaro como una "caza de brujas" y utilizó las sanciones como herramienta de presión (sanciones económicas y personales bajo la Ley Global Magnitsky), incluyendo aranceles del 40% a exportaciones brasileñas (vía el IEEPA) para influir en el STF. El objetivo era proteger intereses estadounidenses y apoyar a Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión en septiembre de 2025 por el STF.
[8]Lula amenazó con tomar represalias e invocó explícitamente la posibilidad de aplicar la Ley de Reciprocidad Económica (o Ley de Reciprocidad Comercial).
[9]Se excluyen del adicional 40% una amplia lista de productos agrícolas (238 códigos HTSUS + 11 categorías adicionales), incluyendo café, té, frutas tropicales y jugos, cacao, especias, bananas, naranjas, tomates, carne bovina, agua de coco, açaí y otros. Estos ahora solo pagan el 10% baseline (o menos si aplican preferencias/exenciones previas como Section 232 en algunos casos) (White House 2025b).
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Recibido: 24 de enero de 2026
Aceptado para publicación: 27 de enero de 2026
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